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Ha sido aprobada la Ley del Teatro, una propuesta promovida por más de dos años por Venus Albeiro Silva, director teatral fundador del grupo Chiminigagua de Bogotá.
El planteamiento de Juan Camilo Maldonado, periodista de El Espectador, me hace pensar que nuevamente los hacedores de teatro del país tienen una oportunidad maravillosa en sus manos y que esta vez es posible madurarla y hacer que se convierta en un componente decisivo para el desarrollo de las artes escénicas en el país.
Aunque la ley propone la recuperación de un festival nacional de teatro que tenga fases zonales previas (tal como se hacía hace ya casi 30 años) noto un tinte medio mesianico en la propuesta, es decir: es cierto que los recursos económicos de los grupos y las salas es precario. Que el esfuerzo que todos hacemo por sostener económicamente nuestros proyectos es enorme, sin embargo en ese punto, en la obtención de recursos fue donde se cayó la ley, y a diferencia de la ley del cine, la nuestra es una ley sin fondo, es decir sin ese planteamiento de generar recursos a través de un pequeño pocentaje de los impuestos a la telefónia celular o de la televisión. Es increible que a pesar de todos padecer este mismo mal de la falta de recursos y la escaza gestión para generarlos, no seamos capaces de esgrimir argumentos suficientes para hacer visible que para muchos grupos del país resulta más caro presentarse en un teatro que cualquier otra cosa. En muchas ocasiones son los grupos los que terminan debiendo a alguna sala puesto que la expectativa no cubrió los gastos básicos de la sala. Es muy complejo mantenerse ofreciendo una propuesta cultural en un país que da por hecho que es responsabilidad única del artísta promover la cultura y no lo asuen como una co responsabilidad.
Salvar al teatro, ¿de qué?, ¿de quién?, ¿qué se salva y qué se deja perder? ¿quiénes se salvan y a quiénes se deja perder?
Una distribución más justa de los presupuestos de la cultura, un incentivo a proyectos de salas, gupos y escuelas, la articulación de la propuesta cultural con el desarrollo social de las distintas regiones del país. Así como se tiene un plan de ordenamiento territorial, que bien nos caería un plan de desarrollo cultural amparado por esta y muchas leyes más.
Gracias por creer, confiar y hacer parte de este proyecto.
John Alex Castillo V. - Director Proyecto
Luís Ariel Martínez Silva - Coordinador Editorial
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